martes, 10 de diciembre de 2013

Kafka pasea por Praga


Durante la época de verano, Franz Kafka nadaba en la piscina de la Escuela Civil de Natación, instalada en la rivera, bajo la colina del Belvedere. Otra de sus aficiones era remar "en el mejor de los estilos" por el Moldava; acerca de ello le escribió a Milena Jesenská:

Hace algunos años yo solía pasear frecuentemente por el Moldava, en canoa, remaba aguas arriba y luego me dejaba llevar por la corriente, acostado bajo el puente. Considerando mi delgadez, debe haber sido un espectáculo bastante cómico para los que estaban en el puente. Este empleado [de su oficina], que justamente me vio una vez desde allí, sintetizó de este modo su impresión, después de hacer resaltar suficientemente el aspecto cómico de la misma: le había parecido una escena previa al Juicio Final: el momento en que ya levantaban las lápidas de las tumbas, peros los muertos seguían acostados e inmóviles.

Le gustaba también dar largos paseos. Caminaba ligero durante una o dos horas y, en ocasiones, describía en sus Diarios algunos detalles de la ruta que había seguido:

Bonito paseo solitario más allá del Hradschin y del Belvedere. En la Nerudagasse, una placa: ”Anna Krizrová, costurera, formada en Francia en casa de la duquesa viuda de Ahrenberg, nacida princesa Ahrenberg”. Me detuve en el centro del primer patio del castillo y estuve mirando un ensayo de alarma de guardia. (Diciembre de 1911)


La calle Nerudova (Nerudagasse)





















A veces se sentaba en los Jardines de Chotek, “el lugar más bello de Praga” y disfrutaba del canto de los pájaros y “de los añosos árboles”. El 1 de noviembre de 1914 anotó:

Hoy, hermoso domingo en parte. En los jardines de Chotek he leído el escrito de defensa de Dostoievski. La guardia en el interior del castillo y en el cuartel general. La fuente del palacio de Thun.–Muy contento conmigo durante todo el día. Y ahora, completo fracaso en el trabajo.

Solía acudir a representaciones de teatro y de ópera. Desde muy joven frecuentaba el Nuevo Teatro Alemán, donde compraba una entrada de estudiante; y, a menudo, se le podía ver en el grandioso Teatro Nacional, construido frente al río.

El Nuevo Teatro Alemán en  Parkstrasse (Wilsonova, 4) 
Entre septiembre de 1911 y enero de 1912 permaneció en Praga una compañía de teatro yidish, de Lenberg. El grupo se alojaba en el hotel Central, y después en el café Savoy, en el que, además, actuaba. “Anoche café Savoy. Compañía de teatro judía”, escribía Kafka 5 de octubre de 1911. 
 
El sentimiento trágico que produce en el espectador la sala vacía favorece 
el efecto de las canciones serias, perjudica a las alegres. 
(Sobre una actuación en el hotel Central,Hyberská 10, en febrero de 1911)
El Savoy, un oscuro y pequeño café, como lo describía Hugo Bergmann, se encontraba muy cerca de la antigua judería, en la Ziegenplatz (Vězeňská). Allí Kafka trabó una gran amistad con el actor polaco Jizchak Löwy, quien representaba para él ese judaísmo oriental vivo, frente al judaísmo occidental asimilado de su padre. 
El edificio donde estaba el café Savoy, en la antigua Plaza de las Cabras 
(Ziegenplatz) Vězeňská 11. El establecimiento no sobrevivió. 
En la actualidad existe un café llamado Savoy en Malá Strana.
Entusiasmado por el teatro yidish, que tanto influiría en su obra, y por la propia jerga, Franz Kafka organizó una velada en el Ayuntamiento. Sobre ella, el 25 de febrero de 1912, escribió en su diario:

Hace mucho que no escribo nada porque he organizado un recital de Löwy en el salón de actos del Ayuntamiento Judío el 18 de febrero y en ese recital he dado una conferencia introductoria sobre el yidish. He pasado dos semanas llenas de preocupaciones, pues era incapaz de sacar adelante mi conferencia.

La sinagoga Vieja-Nueva, la sinagoga Alta y el consistorio judío: Pero el miedo a la jerga, 
un miedo mezclado en el fondo con cierta animadversión, resulta, si se quiere, 
comprensible. Nuestra vida de judíos occidentales está, si le echamos 
una ojeada cautelosamente furtiva, 
organizada de modo tal que todo sigue su curso tranquilo. 
(“Conferencia introductoria sobre la jerga”, febrero de 1912)

En otra ocasión, Kafka intervino en un acto celebrado en la sala Toynbee del Ayuntamiento judío en el que, según recuerda su amigo Hugo Bergmann, “con entusiasmo leyó el Michael Kohlhaas de Kleist ante un público judío proletario o semiproletario (el proletario en sentido estricto apenas existía en Praga)”. Sin embargo, Kafka no se sintió satisfecho de aquella lectura, a la que se refirió en los Diarios el 11 de diciembre de 1913:

He leído en la sala Toynbee el comienzo de Michael Kohlhaas. Fracaso total y absoluto. He elegido mal, recitado mal, a la postre braceado insensatamente dentro del texto. Oyentes modélicos. En la primera fila, unos jovencitos. Uno de ellos trata de escapar de su inocente aburrimiento tirando cuidadosamente su gorra al suelo y recogiéndola luego cuidadosamente, y así una y otra vez. Como es demasiado bajo para poder hacerlo desde su asiento, tiene que dejarse caer un poco de la silla. He leído de forma salvaje y pésima y descuidada e incomprensible. Y por la tarde temblaba de ganas de leer, apenas podía mantener la boca cerrada.
La sinagoga Pinkas (s.XV). "¿Qué tengo yo en común con los judíos? 
Apenas tengo algo en común conmigo 
y debería quedarme completamente quieto en un rincón, 
contento de poder respirar". (8-1-1914)
Varios testimonios contradicen esa visión que Kafka tenía de sí mismo. Su íntimo amigo, Oskar Baum –escritor, crítico musical y profesor de piano, que quedó ciego a los once años–, nos dejó estos recuerdos:

Cuando leía en voz alta –era una de sus pasiones–, la expresión de cada palabra, en medio de la total claridad de cada sonido, mientras la lengua se movía a una velocidad capaz de marear, se subordinaba por completo a la amplitud musical de sus frases de largo aliento, interminables, y a los crescendo en formidable aumento de los dinámicos planos, como ocurre también con su prosa…

El 4 de diciembre de 1912, junto a otros escritores como Franz Werfel y Maz Brod, Fafka participó en una velada organizada por el Círculo de Herder, en el hotel Erzherzog Stephan de la plaza de Wenceslao. En una sala de ese hotel, ahora llamado Europa, Franz Kafka leyó La condena. Rudolf Fuch, que formaba parte del círculo escritores en lengua alemana que se reunía en el Café Arco, contaba sus impresiones de aquella lectura:

En una ocasión, Willy Haas consiguió que participara en una lectura de autores praguenses en una pequeña sala de un hotel, en la plaza de San Wenceslao. (...) Kafka leyó la narración titulada “La condena”, que más tarde apareció en la editorial Kurt Wolff. Leyó con una magia tan tranquilamente desesperada, que aún hoy día, después de no menos de veinte años, le veo ante mí en la estrecha y oscura sala de conferencias. Todo lo demás, evidentemente, lo he olvidado.

Aquella noche, después de la lectura, Kafka escribió una carta a Felice Bauer: 


¡Ay, mi amor, mi infinitamente querida Felice! Tal como presentí con temor, se ha hecho ya demasiado tarde para seguir con el cuento [La metamorfosis], tendrá que quedarse hasta mañana noche sin terminar (...). Cualquier otra tarde es más importante que la de hoy, que solo ha sido válida en lo que se refiere a mi placer, mientras que las otras tardes están destinadas a mi liberación. ¿Sabes, mi amor?, le saco un gusto endiablado a eso de leer en público, el que los oídos preparados y atentos de los oyentes reciban mis vociferantes tiradas le hace tanto bien a mi pobre corazón. Desde luego les he vociferado de lo lindo, la música que venía de los salones contiguos, pareciendo querer ahorrarme la molestia de leer, ni más ni menos que la reduje a la nada con mis voces. 

Franz Kafka no era un desconocido en los ambientes culturales de Praga. En su época de estudiante había asistido a las veladas –en las que alguna vez quizá coincidiera con Einstein– en casa de los Fanta, en el Altstädter Ring, como recordaba su amigo Hugo Bergmann:

En los últimos años de nuestros estudios universitarios nos encontramos de nuevo en el círculo filosófico de la casa de los Fanta, del que más tarde surgió el Círculo del Louvre –llamado así por el café Louvre, en el que se reunía, que se encontraba bajo el patronato espiritual del profesor Anton Mary, discípulo de Brentano.


El café Louvre (Národní trida, 22)
El Louvre era un elegante café que se había inaugurado en 1902 en la Ferdinandstrasse (Národní trida). Pasaron allí “horas hermosas y amables”, según escribía Max Brod en su diario.En 1907 se abrió el café Arco en la Hibernergasse (Hyberská 16). Estaba cerca de la estación Central de Ferrocarril y del Instituto de Seguros de Accidentes de Trabajo, donde trabajaría Kafka. El Arco se convirtió en el café de los escritores alemanes; entre sus clientes se encontraban Franz Werfel y el marido de Milena, Ernst Pollak. El 8 de abril de 1914 Kafka anotó:

El café Arco (Hyberská, 16) 
Hoy con Werfel en el café. Su aspecto desde lejos, sentado a la mesa del café. Encorvado, medio recostado en la silla de madera, la cara, de hermoso perfil, inclinada, casi jadeante de plenitud.

 Y el 17 de enero de 1915 escribe:  

Ayer dicté por primera vez cartas en la fábrica. Trabajo carente de valor (una hora), pero no de satisfacción. Antes, una mañana horrible. Continuamente dolores de cabeza, de forma que, para calmarme, hube de sostenerme ininterrumpidamente la cabeza con la mano (mi estado en el café Arco), y en casa, en el canapé, dolores cardíacos.

Años más tarde, el Arco se había convertido para Kafka en el lugar que le recordaba Milena, de la que, más que la distancia, «lo separaba el “mar” entre “Viena” y “Praga” con sus olas inmensas e insalvables»:

¿Y ahora? Ahora viene lo más estúpido de todo. Me voy al Café Arco, donde hace años que no pongo los pies, para ver si encuentro a alguien que te conozca. Por suerte no había nadie, y pude irme inmediatamente. ¡Nunca más un domingo semejante, Milena!


La Isla de Sofía, (Slovanský ostrov). El 16 de febrero de 1912:
“Academia de la Asociación Herder en la Sophieninsel. (...)
Hofmannsthal lee con un timbre falso en su voz. Figura 

concentrada empezando por  las orejas pegadas a la cabeza”. 
Una noche, a finales de octubre de 1921, los padres de Kafka jugaban a las cartas, como era su costumbre. El padre le dijo que jugara con ellos, pero Kafka se excusó:

 ¿Qué significaba ese rechazo mío, que se ha repetido tantas veces desde mi infancia? Esa invitación me daba acceso a la vida comunitaria, en cierta medida la vida pública, yo habría ejecutado, si no bien, sí pasablemente, la acción que se me pedía para participar, es posible que jugar ni siquiera me hubiera aburrido demasiado –no obstante, lo rechazaba. Si se juzga por eso, no tengo razón cuando me quejo de que a mí la corriente de la vida jamás me ha arrastrado, de que nunca me he emancipado de Praga, de que jamás he sido empujado al deporte o a un trabajo manual, etc. – es probable que siempre hubiera rechazado esas ofertas, de igual manera que siempre he rechazado la invitación de jugar a las cartas.

Entrada y sala de ceremonias del Nuevo Cementerio Judío
(Izraelská 1, Metro Želivského), 
donde fue enterrado Franz Kafka el 11 de junio de 1924. 
Su cadáver fue traído desde la ciudad de Viena. 
Había muerto en Kierling el 3 de junio. 
El 3 de julio hubiera cumplido 41 años.

Sobre Praga y Kafka
Las casas de Kafka (Buscando la Praga de Kafka III)
Kafka y el Club de la Materia Kafkiana (Buscando la Praga de Kafka, y VI)

Las citas pertenecen a las siguientes ediciones:

KAFKA, F., Diarios. Carta al padre. Barcelona, Galaxia Gutemberg, 2000.
KAFKA, F. Cartas a Milena. Madrid, Alianza Editorial, 2010.
KOCH, HANS-GERD (ed.), Cuando Kafka vino hacia mí. Barcelona, Acantilado, 2009.

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