viernes, 23 de enero de 2015

"Virginia Woolf. La vida por escrito"

Virginia Woolf (1882-1941) alcanzó la fama y el reconocimiento literario en vida; tras su muerte no solo se convirtió en una escritora de culto sino en un icono del siglo XX. Su fotografía de perfil, tomada en 1902, se reproduce en postales y objetos, como sucede con figuras como Einstein, Kafka, Marilyn Monroe o John Lennon. Pero, ¿quién era Virginia Woolf? Cuando leemos sus obras sentimos la fascinación de la literatura; admiramos las ideas, la claridad y la agudeza de sus ensayos, la poesía de sus narraciones, en las que nos subyuga el estilo, la forma de captar los sentimientos y las sensaciones que nos produce un instante. Entonces deseamos saber algo más sobre ella, a pesar de que nunca conseguiremos desvelar el misterio último. Sería demasiado pretencioso cuando ni tan siquiera llegamos a conocernos a nosotros mismos.

Esa fascinación por Virginia Woolf y por su obra literaria llevó a la escritora, periodista y socióloga argentina Irene Chikiar Bauer a investigar durante siete años las piezas de un puzle diseminadas en documentos autobiográficos y testimonios, y a crear con ellas Virginia Woolf. La vida por escrito (Buenos Aires, Taurus, 2012), una rigurosa biografía que huye del academicismo para diseccionar los matices de la compleja personalidad de Virginia.


Desde las primeras páginas Irene Chikiar Bauer nos contagia el deseo de acercarnos a esa enigmática mujer sobre la que tanto se ha hablado. Parece como si todo estuviera dicho y no fuera necesaria una nueva biografía pues ya existen otras consideradas definitivas. Pero la autora nos recuerda las palabras de la propia Virginia Woolf: “Hay historias que cada generación debe contar de nuevo”.

Quentin Bell, sobrino de Virginia, publicó en 1972 una hermosa biografía autorizada y “familiarmente consensuada” de la escritora. Con ello cumplía el encargo que su tío, Leonard Woolf, le había hecho en 1965; sin embargo, como señala Irene Chikiar, «en numerosas ocasiones tiende a explicar las acciones, pensamientos o reflexiones de su tía, refiriéndose a su “locura”». Por otra parte en los últimos cuarenta años se han realizado nuevos acercamientos a Virginia Woolf desde distintas perspectivas. Irene Chikiar Bauer se ha basado en estas investigaciones, así como en los diarios de la escritora y en su abundante correspondencia.

Virginia Woolf en 1902.
Fuente: Wikipedia 
Virginia Woolf. La vida por escrito está dividida en dos partes. La primera, “Un mundo reglado: infancia y adolescencia”, se ocupa de la genealogía de la biografiada y de sus primeros años que coinciden con el final de la época victoriana. Su padre, Leslie Stephen, era un intelectual con una personalidad absorbente que más tarde la escritora reflejará en el señor Ramsey de Al faro; al igual que el alma de Julia, la madre –que murió cuando Virginia tenía trece años– quedará retratada en la señora Ramsey. Virginia Woolf vivirá su infancia y adolescencia en una compleja familia con sus luces y sus sombras.

La segunda parte –“Al correr de los años”–  se inicia en 1904, con la muerte del padre. Junto con sus hermanos la escritora se trasladará a Bloomsbury; comienza una nueva etapa de su vida. Irene Chikiar adopta aquí la perspectiva cronológica y cada capítulo de la biografía se corresponde con un año de la vida de Virginia. De ese modo seguiremos la peripecia vital de Virginia Woolf y junto a ella la de todos los que la rodearon: su hermana, Vanessa Bell, a la que estuvo tan unida, a pesar de ciertos celos y algún malentendido; su marido, Leonard Woolf, con el que mantuvo una especial relación; sus amistades, desde los más destacados intelectuales escritores y artistas hasta miembros de la aristocracia. Todos ellos conforman el friso de una época, de unos años en los que los acontecimiento históricos se sucedieron vertiginosamente: el fin de la era victoriana, la Primera Guerra Mundial, los felices y transgresores años veinte y la crisis de los años treinta que desembocaría en la Segunda Guerra Mundial.

Frente a la imagen de una Virginia Woolf alejada de la realidad y recluida en la jaula de oro del esteticismo, descubrimos una Virginia consciente del mundo en el que vive y preocupada por la situación histórica. Si en sus escritos de juventud alguna vez se le escapó algún comentario xenófobo, lo cierto es que acabó casándose con un judío, Leonard Woolf, cuyas inquietudes sociales lo llevaron a participar en distintas organizaciones y a militar en el Partido Laborista. Los últimos meses de la vida de Virginia coincidieron con el principio de la guerra y con la posibilidad de que Hitler invadiera Inglaterra. El matrimonio llegó a pensar en el suicidio antes que dejarse detener por los alemanes.

Está la Virginia Woolf con sus preocupaciones domésticas, los problemas con el servicio, la importancia de ganar el suficiente dinero para llevar la vida que deseaba. Y está también la Virginia mundana, la que amaba las relaciones sociales, en las que encontraba inspiración para los personajes de sus novelas. Pero, por otra parte ansiaba la soledad, la dedicación plena a su obra, en la que trabajaba con una obsesiva exigencia, pues sentía que estaba creando algo renovador y que sus escritos la sobrevivirían. Disfrutaba de los halagos –los que la rodeaban la consideraban un genio– y era extremadamente sensible a las críticas.

Muchos han pretendido atrapar la personalidad de Virginia Woolf. Su enfermedad psíquica la acompañó toda su vida. Pero ella era consciente de cuándo la acechaba el peligro de la recaída y supo convivir con ello aunque al final acabara suicidándose. Su sexualidad es otra zona de penumbra: confesó el acoso que había sufrido en su infancia y adolescencia, amaba a su marido pero le interesaba el sexo; y el amor que sintió por una mujer, Vita Sackville-West, fue el germen de la novela  Orlando.

Irina Chikiar Bauer ha escrito la biografía que a ella le hubiera gustado leer sobre Virginia Woolf. Ha seleccionado cuidadosamente las citas, pues es la propia biografiada quien, en sus textos, nos va dejando algunas pistas sobre quién fue. Aunque ella misma hablaba de “la falsa V. W. que llevo como una máscara por el mundo”, también escribió: “Vamos a buscar, quizá no tanto en lo escrito sino entrelíneas”.

A Virginia Woolf le fascinaban las biografías, pero rechazaba aquellas en las que el personaje aparece oculto en una maraña de hechos y acciones. Como escribe Irene Chikiar Bauer, para Virginia Woolf

Lo que se les escapa a esas biografías no son los hechos, la verdad, lo fidedigno (“algo dotado de la solidez del granito”), sino la personalidad (“que posee lo intangible del arco iris”). (…) El arte del biógrafo debía poseer “la sutileza y la osadía necesarias para presentar esa extraña amalgama de sueño y realidad, ese perpetuo maridaje del granito con el arco iris”.

Publicado en Tendencias21

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